1
Escribe una primera instrucción concreta
Nombra primero el sujeto principal y luego añade un entorno, un estilo visual y uno o dos detalles importantes. Por ejemplo: una taza de café de cerámica sobre una mesa de madera en una cafetería, luz suave de la mañana, fotografía editorial, fondo despejado. Indica si quieres una composición horizontal o cuadrada cuando el formato sea importante. Evita acumular instrucciones contradictorias, como pedir a la vez un primer plano y una vista distante de toda la habitación.
2
Genera y examina el resultado
Envía la instrucción y observa el resultado antes de añadir más palabras. Comprueba si el sujeto es reconocible, si la composición se ajusta al uso previsto y si los detalles pequeños, como las manos, las letras o las formas de los productos, se ven bien. La generación de imágenes puede producir una escena atractiva que, aun así, no cumpla el propósito de la imagen. Identifica el problema más importante en lugar de reescribirlo todo de inmediato.
3
Modifica una variable y vuelve a intentarlo
Cambia la instrucción responsable del problema: pide un encuadre más cerrado, un fondo más sencillo, una luz más fría o un estilo diferente. Conserva las partes que funcionaron para poder identificar qué cambió con el ajuste. Repite el proceso hasta que la imagen transmita tu idea y, después, examina la versión final al tamaño en que piensas usarla. Guarda la instrucción junto con el resultado por si más adelante necesitas recrear esa dirección visual.